10 jul. 2014

Informe de un visitante extraterrestre


Ahora que he abandonado ese país —cuyo verdadero nombre jamás me fue revelado— quiero hacer algunos apuntes finales. No intentaré ensayar una síntesis, para nada, simplemente comentaré las cosas que más me impactaron durante los últimos días que logré atravesar esta nación de costa a costa:

i. Los perros son todos de una única raza. Me encantó su pelaje dorado y pegadito a la piel; un estilo que yo llamaría “sensual”, si dicha afirmación no se prestara a Los Equívocos.

ii. Me pareció muy curiosa y futurista la costumbre de llevar imágenes en andas. Recuerdo ahora la tarde cuando salimos con Marín, Churrón y Pr3tz, con una botella de champán en las manos. Borrachos llegamos a pedirle a los organizadores de una procesión que nos dejaran participar un poco. Un SadoMaso-Sacerdote nos repelió con la excusa de que ese día sólo cargaban los niños. Los señaló con el dedo. Fue muy tierna la imagen de esos críos. Reímos de amor al ver cómo iban purgando sus pecados al llevar sobre sus espaldas la imagen de otro niño sangrante, con un madero sobre los hombros.

iii. Mi idea de que la literatura — junto a la política y la cultura en un sentido clásico — no existía en el país, terminó siendo desmentida por una investigadora de cierta prestigiosa universidad de allende los mares, quien además me facilitó relatorios detallados de las prácticas gregarias de los escritores y poetas. Resulta llamativo el hecho de que la mayoría cultiva un estilo propio de las aldeas medievales de cierta región ibérica e, incluso, llegan a ser capaces de reproducir aquel acento al hablar. Buena parte de ellos usa seudónimos. La mayoría jura no conocer a ningún otro sujeto que practique el oficio, razón por la cual se crea la ilusión óptica de la inexistencia de los escritores.

iv. Previo a la pascua se practica una especie de carnaval invertido: en lugar de desnudarse, la gente se cubre con capuchas y pasamontañas. Los líderes de dicha fiesta llevan ratas muertas en la mano y besan a las muchachas más lindas, sin soltar las ratas. Les gusta mezclar simbologías de diferentes rumbos ideológicos y diversos matices políticos, hacen combinaciones estrafalarias y sin norma.

v. Hay un boom del arte plástico que vuelve locas a las multitudes. De acuerdo con lo que vi, existen tres tipos de artistas: a) los fabricantes de juguetes; b) los fanáticos de las chaquetas caras y los carros cromados; c) Dj’s de electroclash.

vi. En las universidades está de moda la contratación de profesores extranjeros, sin importar la calificación. El único requisito que se les pide es el de ser foráneos. Me enteré porque me ofrecieron la plaza de Historia de las Ideas Culinarias IV, en la Facultad de Humanidades de una casa de estudios.

vii. Industrias de madera destruyen bosques de 800 años y minerías de níquel construyen carreteras para poder contaminar a placer las áreas protegidas. Se queman cerros completos con la misma alegría con la que se afirma que todo es culpa de unos desconocidos.

viii. Recuerdo que aquella tarde, después de apreciar el espectáculo de la crucificción del niño, nos fuimos con Marín, Churrón y Pr3tz a un lugar conocido como Las 10,000 Puertas. Estuvimos largo rato hablando sobre lo complicado que resulta asirse a la fuerza gravitacional en este territorio; estábamos en un estado raro, un poco parecido a la felicidad, bebiendo cerveza y champán, en calidad de pendejos. En eso estábamos cuando se acercó a la mesa una muchacha que aseguraba ser la hija de un famoso político del pasado. Por alguna razón le dije que la vida era una performance y ella, contra todo pronóstico, se sonrió. No había terminado de decirle esto cuando vimos pasar a un viejo horrible con un machete en la mano. Perseguía a un neohippy, a una cooperante española y a otro acompañante sin mayor gracia. No nos interesaron las razones del incidente pero tampoco nos causó risa. El neohippy, al ver al anciano ya lejos, caminó de regreso, se acercó a nosotros, gritando, prácticamente acusándonos por nuestra indiferencia. Intentamos calmarlo. Su amiga española se reía a todo motor, mientras documentaba la situación en video. La hija del político me preguntó si de verdad todo había sido una performance y Pr3tz le dijo que sí, que exactamente de eso se trataba todo.

En conclusión: ésta ha sido una temporada maravillosa. Le agradezco a la vida la oportunidad de conocer sitios tan exuberantes. Nunca olvidaré la experiencia de atravesar el territorio de punta a punta en cayuco, ni la filigrana con la que tantos tullidos y amputados recitan fragmentos completos del Nuevo Testamento cuando viajan de pie en los  buses llenos a reventar, o sentados sobre pequeños islotes que nacen como lirios en esos hermosos y contaminados lagos. Arquitectónicamente hablando, las iglesias monumentales con las que han sustituido los cines porno, no tienen comparación.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2009)

El alma de la rosa


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1. Les informamos que debido a la crisis, la luz al final del túnel será apagada hasta nuevo aviso. Disculpen las molestias

Corro el riesgo de sonar como un escritor de autoayuda, sin embargo, ha sido gracias a las crisis que he podido diseñar las mutaciones fundamentales de mi existencia. En esos momentos en que me he visto superado por las circunstancias ha aparecido frente a mis ojos un nuevo ser, en estado germinal, al cual alimento y ayudo en su desarrollo. A ese doppelgänger, o gemelo, maligno y mágico, le encargo la destrucción del espantapájaros que había llegado a ser.

El viaje es una de las soluciones que mi doppelgänger suele improvisar en momentos críticos. Cuando fracasan las estrategias disponibles de decodificación de la realidad, opta por el movimiento, por desplazarse, por enfrentar la situación crítica desde otro lugar. El nuevo espacio obliga a la reinvención, al uso creativo de materiales inéditos y a la reorganización lúdica de los propios escombros. El doble espectral hace malabarismos con los despojos de la situación anterior y con las luces del porvenir.

Claro que cambiarse de país no implica cambiarse de vida. Allá donde vayas, tu crisis irá contigo (no olvidemos el poema de Kavafys) y apenas encontrarás un nuevo marco caótico en el cual insertarte. “El caos es un orden por descifrar”, nos dice la amante del protagonista de El hombre duplicado de José Saramago, una frase que explicaría la euforia que causa en el viajante el advenimiento de toda la novedad: su lucha es la de encontrar las contraseñas, los passwords que le permitan ingresar y navegar en el sistema aparentemente cerrado de una cultura foránea.

A la crisis inicial le agrego la nueva crisis generada por el vértigo que me entrega un territorio por descubrir. Una especie de remedio homeopático con el que mi doppelgänger intenta transformarme.

2. –¡María, tu marido se va a tirar por la ventana! –¡Decile al tarado ése que le puse los cuernos, no las alas!

Del momento crítico navegamos hacia el iluminado puerto de un nuevo equilibrio. Entonces viene la fiesta inicial, la abundancia generosa de lo recién iniciado; luego sobreviene cierta estabilidad, la maduración de la circunstancia, hasta que ¡zas!, la realidad vuelve a mostrarnos su lógica imperturbable.

El modelo empleado para interpretar nuestro entorno se agota y hay que inventarse algo que lo sustituya. Esto último no va a variar si estamos en Río de Janeiro, en Berlín, o en Kuala Lumpur. La necesidad de ofrecerle rutas alternas a la psique colectiva es común a los distintos proyectos civilizatorios. Es ahí donde aparece el nicho de oportunidad para los profetas, los líderes delirantes y/o carismáticos, los adivinadores y los artistas. Y a lo mejor estas entidades representan diversas facetas de un mismo aspecto de nuestro inconsciente colectivo, necesitado de conjurar la inminencia de lo desconocido.

El arte permite vislumbrar la belleza de un escenario que escapa radicalmente a nuestro control. El artista proporciona las herramientas para que la comunidad descubra en el caos la presencia de esas nubes cargadas de aguas torrenciales y truenos que forman un caleidoscopio donde conviven el placer y la armonía. El arte desarrolla y profundiza los aspectos que las diversas crisis sacan a la luz. La obra de arte nos permite experimentar el tiempo en su inmarcesible misterio.

Cuando escribo, efectúo la misma operación llevada adelante gracias al ritmo de un viaje. Arte, literatura, viaje: son formas de reconfigurar el caos primordial. Cuando escribo, el doppelgänger del texto se desliza por mis dedos, materializa una entidad que me va formando, con la precisión de un escultor. La literatura, siguiendo al filósofo francés Deleuze, es la creación de una lengua adentro de la lengua: al poner en crisis al idioma me permito indagar en los propios enigmas que me habitan, misterios que no serán nunca sólo míos. El lector encontrará en el texto a su propio doppelgänger, otro distinto, uno propio que lo irá esculpiendo con igual fervor.

Porque es el lector quien organiza con su mirada ese sistema caótico llamado “libro”. Y esa es una sentencia de la cual se podría inferir la siguiente analogía social: una crisis es grave cuando no conseguimos atisbar los mecanismos para su lectura.

3. Mijo, por dinero no te preocupés porque no hay

La crisis, en términos sociales, sobreviene cuando los ciudadanos dejan de percibir un derecho, o un beneficio previamente adquirido, pero también cuando el cuerpo social ha avanzado a una velocidad mayor que la de la institucionalidad política. La magnitud, las dimensiones y las particularidades de cada crisis están determinadas y son mediadas por la cultura, e incluso se podría decir que la cultura es la propia expresión de la crisis de un entorno determinado, pues incorpora los mecanismos imaginarios que la comunidad elabora para trascender sus momentos de caos y su primitiva pulsión de muerte.

Recuerdo que durante las semanas anteriores a los incendiarios disturbios callejeros de París, en noviembre del 2005, mi doppelgänger se topó con tres circunstancias llamativas: 1. Un hombre golpeaba a una mujer, su pareja, en la rue d’Alésia, ante lo que varios transeúntes tuvieron que intervenir; 2. Un grupo de inmigrantes alcoholizados insultaba acremente, por razones de su origen, a una muchacha rubia en el Noctambus, a la altura de Chatelet; y 3. Fui revisado en el Metro por un policía francés encubierto, sin ninguna razón o motivo visible, más allá de eso que los argentinos llaman “portación de rostro”.

Estas tres mismas situaciones no me habrían llamado la atención en mi propio país (donde esto y más es moneda corriente), sin embargo, al sentirme inserto en la “alucinación consensual” del Estado francés y al estar impregnado de su discurso garantista y del ideal colectivo de liberté-egalité-fraternité, no pude sino conmocionarme, espantarme. Más adelante, cuando visualicé frente a mí las hileras de autos incendiándose en las calles parisinas, percibí en clave de epifanía que las tres situaciones anteriormente vividas no eran más que las señales de un conflicto mayor que se cocinaba más allá de cualquier mirada superficial. Un conflicto que no le pertenece solamente a Francia, ni mucho menos.

A lo largo de varios años de vida nómada he podido percibir que uno de los puntos nodales de las crisis que atraviesan el mundo actual, es el relacionado con la movilidad poblacional y la migración. Este flujo hiperdinámico de personas no implica solamente la utopía liberal del intercambio de bienes y servicios, sino más bien acondiciona escenarios donde la colisión de tradiciones, cosmovisiones e ideologías puede ser brutal, puesto que éstas se dan en un entorno de profundas desigualdades socioeconómicas.

 La retórica de la crisis mundial (incluyendo sus variantes apocalípticas) es asimismo un dispositivo ficcional colectivo que busca asimilar de algún modo los desajustes generados por el choque de clases en un marco de cosmogonías y formas de vida heterogéneas. La psique colectiva asimila lo complejo y caótico de nuestras organizaciones sociales a través de la retórica de la crisis, diseñada en buena medida desde los centros de poder, aunque siempre alterada por medio de las más diversas transacciones culturales.

Quizás lo que llamamos “crisis” no es más que la emergencia de varios pasados que determinan simultáneamente la forja del presente y la proyección global del futuro: la narración de la historia es cada vez menos susceptible de ser pensada como un relato con un único inicio.

4. Apocalipsis right now!

“En lugar de recurrir a la ciencia para impedir que el mundo se acabe, necesitamos mirar hacia nosotros mismos y aprender a imaginarnos y a crear un nuevo mundo”, dijo recientemente el filósofo esloveno Slavoj Zizek en un artículo cuyo título resulta estremecedor: “2010: el fin de la naturaleza”.

Para crear un mundo nuevo (me gustaría pensar en “varios mundos nuevos”), primero hay que imaginarlo, parece sugerirnos Zizek, actualizando la propuesta jamesoniana de producir ficción como una forma de crear utopías.

Quizás una crisis es un arquetipo que nos impulsa a leerlo todo de modo distinto: así, cuando la poetisa argentina Alejandra Pizarnik nos convocó a “mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”, a lo mejor nos estaba entregando una tecnología de transformación de la naturaleza y la realidad. La poiesis, es decir, la creación de algo que no estaba ahí, sería ejecutada cuando destruyésemos la mirada anterior, cuando “pulverizáramos nuestros ojos”.

¿Habrá que pedirle a nuestro doppelgänger este servicio de muerte óptica?

Inventarnos un nuevo mundo es inventarnos una nueva mirada. Aprender a leer como si nunca antes lo hubiéramos hecho, es en sí mismo la creación de un nuevo mundo. Leer la crisis como la oportunidad para inducirnos una mutación. Operar nuestro propio Apocalipsis, dirigir nuestra propia revelación. Porque lo que vivimos como crisis es el producto de las bagatelas y hechicerías del mundo contemporáneo golpeando con contundencia nuestra capacidad de mirar el alma de la rosa.

Y en ocasiones hasta sentimos que la rosa ya no está ahí.

(Publicado originalmente en la revista Humboldt, en el año 2011)

La caja negra de un vuelo perdido


Escribí una novela llena de personajes cuyos dobles resplandecían para sustituir a las acciones de ellos mismos: era una enorme confusión iluminada de lo oscuro, por eso me fui llenando de dudas, también muy oscuras, sobre vidas y muertes falsas, paralelas a sí mismas, hasta que mi Laptop decidió morir y entonces todo quedó sepultado en un disco duro que era la caja negra de mi vuelo perdido entre los vientos de una enorme angustia, parecida a la que sintió Colón al atravesar por las honduras, antes de llegar al Cabo de Gracias a Dios.

Voy al frente, guiando una carabela llamada Simulador de Vuelo. La he construido con esos escombros desperdigados por el océano: nuestros cuerpos sin vida nos ayudan a flotar, son tantos y tantos y tantos que ya tenemos toda una flotilla avanzando hacia esas tierras profetizadas por los sueños registrados en la caja negra de mi novela perdida.

Algunos aprovecharemos a mirar los jardines adornados con las flores que le arrancamos al futuro de nuestro rencor.

Toda esa luz se resume en las formas de esta desaparición y en el flujo de la sangre que no puede coagular su retorno. Y ahora esta página es como el agua del mar que también es Dios.

El tema de mi novela iba a ser el descubrimiento de un nuevo continente de luz, operado por los dobles de los verdaderos personajes que estarían perdidos en una especie de naufragio estelar. Pero todo se fue al carajo con la muerte de mi Laptop, cuyo disco duro es hoy un corazón extraviado, parecido a la caja negra de este Simulador de Vuelo.

Gracias al mar y a la luz del sol, he encontrado ahora unas páginas de un papel muy antiguo, flotando entre los cuerpos muertos y los sueños de unos pasajeros que jamás llegaré a conocer. Tengo conmigo una historia que habla de la llegada a un lugar de luz, en donde me saldrían nuevas manos para poder comenzar, una vez más, la escritura de esta novela.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2009)

Ciudades paralelas

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Esta ciudad es la misma que soñé cuando era niño.
Soñé específicamente estas calles y estos parques, con sus mismos árboles. Se podrían comparar los matices rosáceos en los cielos de aquel sueño con los mismísimos destellos que ahora veo.
Berlín es mi ciudad.
Viena es mi ciudad.
Vivo en dos ciudades paralelas. Una es el sueño de la otra.
Mi infancia es el sueño del que ahora soy.
Lo que ahora soy es el sueño del niño que fui.


Foto: Alan Mills 

Vueltas de carnero



Un perro da una vuelta de gato, cae girando, desde un segundo piso. Un gato da una vuelta de carnero sin que nadie lo mire. Una muchachita da una vuelta mortal en el columpio sin caerse. El amiguito la mira, después le jura a todos que todo lo que ha visto es verdadero. Los niños no se creen esta historia y comienzan a llamarlo "el mentiroso".

Ya en plena adolescencia, el mentiroso descubre un libro en un idioma que le resulta absolutamente desconocido. El mentiroso intenta imaginar lo que significan estas palabras y cómo sonarían: el mentiroso descubre la historia escrita en el idioma desconocido, o al menos eso cree. Es increible,  esta historia coincide, letra por letra, con la misma historia que el mentiroso le contó aquella lejana tarde de infancia a sus amigos.

Unas décadas después de aquella vuelta entera de la niña en el columpio, un traductor y crítico literario lee el texto escrito por el mentiroso. El crítico designa provisionalmente al fenómeno ahí relatado, entre literario y paranormal, como "el síndrome Pierre Menard", mientras ve que su perro pasa cayendo por la ventana. 

(Publicado originalmente en este blog en el año 2010)

Caja negra XX 2012


Lo he querido ocultar, lo sé: abordé el asunto como si tuviera poca importancia pero la verdad es que sí resultó para mí una terrible pérdida. Hablo de aquella novela que se me hundió en un disco duro muerto, como si se tratara de un naufragio al interior de cierto mar de electricidad.

Es verdad que escribí un libro titulado Caja Negra XX 2012, que incluso fue publicado en México por la Red de los Poetas Salvajes y en Guatemala por Mata-mata, en dos bellas ediciones, pero ni siquiera así me logro sentir reconfortado.

Durante un tiempo me engañé, hasta lo hice públicamente, sí, me puse a decir que había escrito el doppelgänger de mi novela perdida; fingí que la cosa no era tan tétrica, tan devastadora; aseguré que mi intención era que se pudiera leer aquella trama ausente a través de los intersticios de mis poemas.

Los personajes de mi novela eran todos los dobles de otros personajes, remedándose los unos a los otros; pasaban cosas fabulosas, otras no tanto. No era para nada autobiográfica, aunque luego lo afirmaría en una entrevista que me hicieron en la librería Eterna Cadencia de Palermo, Buenos Aires.

Tenía un poco más de doscientas páginas corregidas y ahora apenas tengo veinte páginas sin corregir. La página es blanca, negro el deseo. La tinta descubre estrellas que comienzan a brillar desde el papel.

Otra de mis mentiras con respecto a esa novela perdida fue decir que la terminaría en diciembre de 2009 y que la publicaría en el 2010. Le eché encima un maleficio que  he venido limpiando durante algunos años; pienso que lo que me queda es esperar ese retorno mágico, no sé, de alguna forma mística e irracional espero que aparezca este libro adentro de otra computadora, en otro disco duro que jamás he visto, ni tocado: como si la hubiese escrito otro y me fuera concedida en el futuro como un presente inesperado.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2010)

13 apuntes sobre la poesía

1.     La poesía es un holograma impresionista de la mente del lector.

 2.     Un buen poema da cuenta de la hórrida belleza que impacta en el poeta. Su trazado nos lleva a la concepción de un particular universo verbal.

3.     No importa lo que quiso decir el poeta, sino lo que produce el poema en el lector, aunque sólo fuere de forma performativa y fugaz.

4.     Un poeta puede escribir poemas o no escribirlos. Pero a la hora de reclamar su posición en el territorio de la poesía, debe poner algo palpitante sobre la mesa.

5.     Todo metro y forma es posible.

6.     Toda poética desaforada y rizomática deberá diseccionarse a sí misma como un mutante con manos de tijera.

7.     ¿El poeta experimental utiliza ratones de biblioteca?

8.     Todo poeta/lector sabe afilar la punta del iceberg lingüístico. Con ese filo se lanza a la cacería de su fiera interior.

9.     No hay poetas, hay poemas.

10. No hay poemas, hay procesos.

11. El único compromiso del poeta es mostrar los procesos (estéticos, humorísticos, semánticos, epistemológicos) que permiten que “lo poético”, como rastro de lo más ingobernable, sobreviva en un mundo sin corazón.

12. La poesía puede venderse. Nada humano le es ajeno. La poesía no vive en un reino platónico más allá de lo social. Hay que trabajar para ampliar su circulación. ¡Ya basta de lloriqueos!

13. Si pones a la poesía frente al espejo se refleja un animal imposible que sueña con existir.


El megáfono de Keats


 

La poesía prefiere el susurro, es cierto, pero a veces necesita del megáfono que soluciona la tensión creada por la acumulación de silencio.

Quizás atravesamos una época en que la poesía funciona como un catalizador entre la cultura audiovisual y la cultura literaria, aunque también (usando otro binarismo) entre las culturas populares y las culturas letradas. Algunos festivales y encuentros de poesía propician un escenario para la ritualización de esa realidad verbal, imaginaria. Las lecturas públicas aceleran, a través de la oralidad y/o la representación, el acceso masivo a obras que encuentran serias dificultades para circular en forma de libro por este territorio global.

Lo que hace un poeta en un festival es poner sus susurros, momentáneamente, en el megáfono, para que luego los lectores puedan volver a la tranquilidad virtual de reencontrarse con los poemas desde el silencio iluminado de las pantallas.

Cortázar decía, en aquel libro sobre John Keats, que el poeta es siempre un individuo desagradable. Y quizás lo es porque se atreve a indagar en los rincones más oscurecidos de la lengua, dotándolos de un brillo que acarrea dolor. El poeta es rechazado cuando muestra la fragilidad de nuestros valores e ideales, o cuando se atreve a develar la fragilidad de la cultura que legitimamos. La poesía es la subversión de lo imaginario en un mundo que simula ser contundentemente real.

Por supuesto que sería mucho más cómodo usar un idioma pragmático, correcto y beneficioso para la polis, ¿pero quién chingados quiere eso?

La poesía genera rechazo porque muchas veces entorpece la consolidación de ciertas retóricas, porque limpia y ensucia las palabras de la tribu, mostrándolas vivas, adoloridas, hermosas.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2009)

Es verdad, no pintura


Las posibilidades de que alcanzara ese libro con su hocico eran realmente mínimas. He acondicionado esa estantería de tal forma que Nuestro Perro no pueda morder los lomos ni las pastas, o pasar directamente a devorarse algún tomo. Ya me había ocurrido con un libro de Monterroso, La vaca, que fue pulverizado por un ratón, allá en mi antiguo departamento de la Calzada Roosevelt.

Hace dos días Nuestro Perro comenzó a llamar desde la sala de nuestro apartamento en Altos de Pinheiros. Nuestro Perro ha aprendido a convocarnos a base de unas piruetas que lo asemejan a un híbrido entre león recién nacido y conejo. Cuando llegué con él, me di cuenta de que junto a sus habituales deposiciones fecales había depositado un libro. Mi primera sorpresa fue que hubiese podido alcanzar precisamente ese libro, colocado en una estantería que le quedaba inaccesible debido a su pequeña talla. Mi segunda sorpresa pasó de inmediato a la indignación, al confirmar que se trataba del libro Velázquez: Es verdad, no pintura... Este brillante estudio sobre Velázquez me había terminado de transformar en un adorador de quien considero un prodigio en todos los niveles que se le pueden analizar, es decir, en todo lo que se puede pedir de un artista.

Lo más triste del asunto es que la cuarta de forros del libro Velázquez: Es verdad, no pintura (de Luis de Zulueta), ahora está manchada de la mierda de un cachorrito brazuco. Una rápida visualización nos indica que las heces caninas han tomado, en el papel, la forma de cierta constelación que tiene un nombre que ahora no me viene a la cabeza. Un crítico de arte quizás diría que tales manchas también podrían parecerse a algún momento de Cy Twonbly. Pero a lo mejor exagero.

En cualquier caso, me parece que Nuestro Perro es un artista que sabe expresar su verdad. Ha sabido encontrar su manera de aproximarse al cielo, su manera de manchar la perfección.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2008)

9 jul. 2014

Acapulco -- no ficción --


Desayunamos. Vemos desde el balcón a los clavadistas que leen las olas y luego se lanzan desde la quebrada. Rompen el agua como un espermatozoide que atraviesa el tejido que separa a la vida del Inframundo.

Mientras Un Artista nos va tomando fotos con su Hipstamatic, comienzo a sentir que me transformo en un ajolote. Los demás amigos que comparten la mesa no se dan cuenta por estar mirando a los clavadistas. El susto me hace salir corriendo a mi habitación y al nomás llegar me meto a la tina. Comienzo a coletear y chapotear.

Es el reflejo del agua el que me confirma mi nueva condición de salamandra fluorescente.

Al salir de la tina me encuentro en la cama un libro que lleva por título Las Visiones Futuristas. Más allá de la ciencia y del Siglo XXXII. No sé quién pudo dejarlo ahí, ni con qué motivo. La dedicatoria de la autora me aclara un poco: “Gracias, Alan, por acompañarme a las ciudades astrales durante tus horas de sueño”. La autora está vestida de tigresa. En realidad se trata de la cantante que se hace llamar "La Tigresa del Oriente".

Sonrío. Paso las páginas con delicadeza, aprovechando mis nuevos deditos tan finos.

Un día antes de la metamorfosis me había topado con cuatro absolutos desconocidos que se habían instalado en mi habitación del hotel “El Mirador”. Para ellos todo resultaba tan pero tan normal (usar mis cosas, manipular el aire acondicionado, ducharse, acostarse con mis amantes, ver la tele, etc.), que me dio vergüenza preguntarles qué diablos estaban haciendo ahí. Me retiré sin decir nada, con un gesto facial que les pedía perdón por haber importunado.

Al volver al comedor quedé sorprendido porque para algunos resultaba de lo más natural mi nueva condición anfibia. Había quienes se la pasaban sobijeando mi piel, tan lisita. Otros comenzaron con el juego de agarrarme por las extremidades, catapultándome hacia el mar de la quebrada. Les causaba gracia ver que hacía muecas mientras pedía aplausos en medio de un doble mortal.

Fue tal mi éxito que uno de los padrotes de los clavadistas me amenazó e incluso me ofreció un dinero para que dejara de quitarles la clientela. No diré que me dio a bastedad, sin embargo, me alcanzó para patrocinar algunas salidas a los cabarets de la zona. Así gané popularidad entre los escritores invitados al evento.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2010)