23 jul. 2010

Sobre ESCALERA A NINGUNA PARTE, de Alan Mills

Quiero comentar este libro de Alan Mills, llamado Escalera a ninguna parte. No como análisis literario, no como interpretación sociológica, más bien desde mi circunstancia de leedora. Por ello lo que voy a compartirles son las ideas, recuerdos, imágenes y sentimientos que experimentaba al leerle.
Y es que la obra literaria es quizá la más susceptible de ser expropiada a sus autores. Sólo pertenece a quien le da la vida, en su gestación; es el hijo en el vientre que, cuando nace, tiene a sus apellidos como única referencia a sus orígenes, pero una vez vista la luz ya es del mundo. Y entonces cambia.
Y desde su primera respiración fuera del vientre materno, con cada persona con la que se relaciona adquiere un nuevo significado.
De ahí que con mi lectura, Alan como autor queda desposeído de su obra, pues al llegar a mis manos, como a cualquier par de manos, al llegar a mis ojos, como a cualquier par de ojos, al toparse con mis sentimientos, al escarbar mis recuerdos y al revivir mis experiencias, el contenido de este libro cambia lo que era cuando nació.
Y se convierte inevitablemente en lo que yo quiero, dice lo que yo quiero que diga, se interpreta como yo quiero interpretarle, aunque no lo quisiese su autor. Y desde mi lenguaje, desde mis arquetipos y desde mis miedos, aunque no lo quisiese yo.

Sentimiento primero: la vivencia del tiempo
No me puedo detener, comencé a leer y no encuentro pausa. La busco, busco la puntuación, la coma, como para encontrar en las formas convencionales del lenguaje, el refugio en lo conocido. Pero no encuentro nada de esto, el libro todo es una narración sin una sola pausa.
Después de muchas páginas de lectura sin descanso, siento que las páginas leídas de vertiginosa manera son el mismo escenario de la vida que vivo en este preciso momento, la del sentimiento compartido por la red-mundo: en la velocidad con la que transita el tiempo hoy, quisiera encontrar a diario pequeños descansos para repensar, reflexionar, enmendar, cambiar de rumbo, o tan siquiera respirar. Pero la vida transcurre de prisa y sin pausas.
Siento que Alan le imprime al texto una velocidad que angustia, para contextualizarlo a uno en el espíritu de esta época.

La incertidumbre
Es un cambio total en mi costumbre lectora, un cambio a una forma de lenguaje que no creía posible, un cambio de golpe. Sin transición y sin dar explicaciones.
Es entonces un texto tan incierto como ha resultado que es la realidad, de acuerdo con los nuevos paradigmas de la ciencia; no le da a uno ni una pista, ninguna certeza para imaginar lo que vendrá. Porque no es un texto que esté escrito desde una temporalidad lineal, no hay una historia, con un principio, con un desarrollo y un final.

Lo oculto y lo visible
No puedo prefigurar a los personajes. Parece que el Desflorado es el personaje central, en un lugar llamado Guatepeor. Pero al igual que en Guatemala, en Guatepeor emergen y se ocultan a la vista pública, de manera intermitente, muchos personajes centrales. Como unas doñitas que se juntaban a tomar cafecito: “doña Chupi prima de doña Lucas y de doña Valiente”, las que, según cuenta Alan, cuando les entraba la comezón “se la quitaban rascando a machetazos los cuerpos ajenos”.
Ésta y otras partes de las historias, me regresaban constantemente a mi propia experiencia de la guerra, y a los relatos de masacres, desapariciones y torturas vividas en este país. Y también a los discursos de naturalidad de sus hechores, que la predicaban como un acto de amor por Guatemala.

Multilingüe de pensamiento
Este libro se expresa en muchos idiomas: en el español de Guatemala y el universal, pero también tiene frases que no pueden ser dichas más que en inglés, porque Guatepeor está inserta en la globalización. Es también bilingüe en maya k’iche’ y “castilla”, un idioma parecido al castellano que todo mayahablante domina cuando está aprendiendo el español.
Este bilingüismo de Guatepeor se parece al de Guatemala, porque es bilingüe de pensamientos duales, contradictorios, amarrados pero en lucha interna. O podría ser la dualidad incluyente del pensamiento maya. Esto se siente en la escena adonde me lleva de paseo un domingo, por el parque central, donde se mezclan los consejos de “Kama Sutra popular” con el milenarismo fatalista de los pastores evangélicos y la pasarela de la moda en la tradición de las mujeres indígenas. “K’i tat ¡quitate!”, dice dos frases juntas en dos idiomas, que son contrarias pero que suenan igual: “k’i tat” = “rico señor”, en k’iche’; “quitate”, en español.
Pero la visión más impactante de este bilingüismo de pensamientos contradictorios, es mi capítulo favorito: “RICOSABROSODELICIOSOYEXQUISITO”, escrito en “castilla”, donde Alan relata una historia que transcurre entre el amor y el desprecio, el vínculo sexual y la decepción amorosa de la “shumita de oro” con el “canchón de río”, entre la mujer indígena y el soldado ladino. En esta historia el sexo por amor es derrotado por la violación masiva de la guerra.

Al final: aprender a no llegar a ninguna parte
Si leo el final parece como que comienza, si leo al principio parece como que termina. De verdad parece una escalera, se la puede poner al derecho o al revés, lo leo de atrás para adelante y de adelante para atrás y cada capítulo es una historia en sí misma que no necesita ir al principio del libro para entenderse. Juntas todas las historias de este libro hacen una sola pintura que es como la totalidad del mundo, hecha de fragmentos que están articulados.
Para concluir mi comentario, quiero decir que este libro me dio mi dosis de recordación, de violencia, de sexo, y también de esperanza. En una parte del texto, Alan escribe que alguien montó la escalera a ninguna parte para que cualquiera pueda subirse, pero nadie lo intenta pues no tiene final previsible. Eso me puso a pensar que en Guatepeor nadie quiere asumir la incertidumbre de nuestro tiempo. Les incomoda su presencia, porque era más fácil creer que la escalera nos llevaba a un lugar. Y explica Alan que los niños sí la suben y bajan, “le encuentran sentido a caer en el vacío del que siempre hay Renacimiento”. Entonces pienso que todos los que han nacido en la incertidumbre, caen en sus trampas, en sus vacíos, pero de tanto subir y bajar, le descubren sus circuitos, su lógica de funcionamiento, que es lo que eternamente les permitirá renacer.
Saríah Acevedo.
Guatemala, 21 de julio de 2010.
Imagen: http://s482.photobucket.com/user/carito0707/media/5a44934cd9cd58b623705165823a0e7047c.gif.html

22 jul. 2010

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1983. Besos de lengua con Silvana del Carmen en los columpios de su casa. Ella tiene siete años.

1984. Me salvo de ser secuestrado por una bella mujer a la que dejé entrar a casa. Se roba las joyas de mi madre y piezas de lingerie. Salimos caminando de la mano hacia la estación. La mujer se arrepiente en el último momento y me deja atrás, sin despedirse. Vuelvo a casa decepcionado por su rechazo.

1986. Escucho sonidos sexuales en la oscuridad de mi habitación. Los identifico con un gatito tomando leche. Unas horas antes había estado hospitalizado a causa de un fulminante ataque de asma. Le digo a la enfermera que el oxígeno tiene sabor a vainilla. No me responde.

1989. Juego al Atari y salto por los tejados del vecindario. En el colegio las niñas me eligen como el galán para acompañar a la representante de la clase en la elección de “Madrina del Deporte”. Ella se llama Marianne y yo estoy enamorado. Por las noches conduzco sueños lúcidos en donde siempre terminamos casándonos. Mi padre discute con mi madre antes del evento de belleza infantil. Mi madre asegura que me han elegido gracias a mi estatura. Mis vecinos ya juegan al Nintendo.

1992. Un sábado por la mañana recibo la visita inesperada de mi primo. Se ha enterado de que por fin tenemos videocasetera y me inicia en el mundo del porno audiovisual. Gano popularidad, mejora mi reputación en la cuadra. Rosa trabaja ayudando en casa, me cae muy bien. Me gustaría Rosa si no le faltara ese par de dientes incisivos. Un par de amigos de la cuadra no se fijan en minucias: dan un salto cuántico en relación a mí y a mi pornografía. Antes de dejar la casa, Rosa se practica un aborto a partir del menjunje hervido de unas hojas.

1993. Pósters gigantes de Nirvana en mi habitación. Paso de la virtualidad al desierto de lo carnal.

1996. Represento a la “voz lívida” en una obra de Brecht. Me fascina porque me maquillan como a Brandon Lee en El Cuervo. Cierta noche de septiembre me encuentro a uno de mis profesores, un sacerdote, en un night club. Al final de año las guerrillas y el gobierno firman la “paz firme y duradera”.

1998. Damos un concierto con mi banda y otras, en apoyo a las víctimas del huracán “Mitch”. Para entrar, la gente debe llevar una bolsa de maíz o de frijoles.

1999. Viajo a Managua y a León, por los festejos del XX aniversario de la revolución sandinista. Tengo una epifanía en la frontera entre Honduras y Nicaragua. Mi novia me exige a los gritos que le prepare un sándwich porque se muere de hambre. Hago tres de jamón y le doy uno al mendigo que se había acercado a pedirnos dinero. El mendigo le da la mitad de su pan a su perro. Al volver a Guatemala, terminamos la relación.

2000. Experimento a diario en Los Sims, videojuego de estrategia y simulación social. Me hago adicto a Prehistorik 2. Compro en La Habana una preciosa edición de Cuentos completos de Edgar Allan Poe, traducidos por Julio Cortázar.

2002. Rento un apartamento en la Calzada Roosevelt. Vivo con mi perro, Rilke. Mucha fiesta. Escucho con insistencia el disco Sub, de Bohemia Suburbana.

2003. Por pudor, no puedo contar nada de lo sucedido este año.

2005. Agarro fuego durante una fiesta de nuestro edificio en la Rue d’Alésia en París. Me había sentado muy cerca de unas velas aromáticas. No sufro quemaduras, pero quedo desnudo frente a todos. Muchos se ríen, señalando con el dedo. Mi novia me invita al concierto de R.E.M en el Palais des sports. No la quiero acompañar al de Tori Amos. Leo en Internet que la tormenta Stan borra del mapa a la aldea Panabaj.

2006. Surfeo la realidad entre abortos espontáneos, depresiones tremendas, fiestas almodovarianas y las maravillas del Renacimiento florentino.

2008. Durante mi visita a Medellín me dejo orientar por un Virgilio local, inventor de un paseo por la ciudad llamado “antropología de la muerte”. Lectoras de poesía me dejan papelitos por debajo de la puerta del hotel Nutibara. Creo un perfil en Facebook. Atravieso Francia a bordo de trenes de alta velocidad. Vivo un sabroso final de año en las playas de Copa Cabana. Ahí se me ocurre la idea de un libro sobre mujeres mexicanas y centroamericanas que viajan al Brasil a cazar a sus maridos fugados.

2009. Comienzo a investigar sobre la cirugía que debí hacerme hace mucho. Descubro que puedo optar por una órtesis. Participo de lecturas de poesía en Second Life y transformo mi adicción por el chat de Gmail en una herramienta de escritura. Veo cumplidas varias de mis fantasías sin proponérmelo. Meto por error mi pasaporte a la lavadora. Sale desleído, como si jamás hubiese volado. Termino el año vagando como un zombi por la calle Guatemala de Buenos Aires.

2010. Ajusto al máximo la configuración de privacidad para mi perfil en Facebook. Unos meses más tarde elimino mi cuenta en dicha red social.

2012. Leipzig, Alemania: comparto apartamento durante seis meses con un arquitecto chino. La pronunciación de su nombre – que sería, más o menos, “Shingao” – me resulta divertida. Inicio una fértil relación literaria con la ciudad de Frankfurt. En noviembre me instalo en Berlín, la misma ciudad extraña que soñé cuando tenía cinco años.

2013. Encuentro gente maravillosa en San Juan de Puerto Rico. Siento que el sol del caribe es curativo e intento atraparle cada rayo, imprimirme su luz como tinta blanca en la piel. Doy una lectura en Madrid que termina siendo idéntica a cierto sueño en donde me veía actuando como un cantante de rock venido a menos. Concluí dicha intervención (la real) con un poema que pasó a ser la programación de cierto sueño futuro. Conquisto el Castillo de San Jorge, en Lisboa, previo a un inolvidable encuentro con la escritora Lidia Jorge. Leo su libro O dia dos prodigios, con enorme placer.

2014. Llevo dos años en un apartamento de Kreuzberg. Me caso un día antes de la celebración de los 25 años de la reunificación alemana: al ver cómo suben al cielo los globos conmemorativos, nos queda la sensación de que, por fin, se han caído varios muros simbólicos. Paso todo el mes de diciembre dedicado a la vida ascética y contemplativa que me inspiran diversas escrituras firmadas por los más arcaicos monjes. Navidad: en los Esteros del Iberá me vuelco a la observación de duendes y carpinchos, guiado por un amable conocedor guaraní.

21 jul. 2010

Divagaciones de un Text Jockey



Alan Mills habla de su más reciente libro Escalera a Ninguna Parte, en el que se desliga de la puntuación y mezcla distintas piezas para presentar una propuesta final.

Lucia León/Siglo Veintiuno
lleon@sigloxxi.com

En un peldaño de una escalera abandonada hay un manojo de textos sueltos, anónimos. Estos sirven de guía para iniciar un recorrido que lleva a Guatepeor, una ciudad habitada por seres que nunca llegaron a existir. Todos ellos cohabitan en un espacio poético armonizado por el escritor Alan Mills en su más reciente libroEscalera a ninguna parte, que será presentado hoy en la Toma V de Catafixia Editorial.
Hay quienes buscan monedas olvidadas en la arena y los más románticos coleccionan conchitas de mar. Pero Mills se topó con unos documentos colocados cerca de una escalera que salía de la playa y cuando subía la marea parecía que estaba en el cielo. A partir de ese hallazgo, hace 6 años, nació un libro que en algunas partes prescinde de los signos de puntuación, así le da mayor peso a la palabra. En el manuscrito original las frases estaban mal redactadas y desde el momento en que el escritor guatemalteco intervino los textos, estos adquirieron otra dimensión.
Un años después escribió el libro, pero no fue sino hasta ahora cuando ve la luz bajo el sello de Catafixia Editorial. De acuerdo con Mills, el texto sólo existía en el mundo virtual y era promovido por medio de correos electrónicos, por lo que parecía un fantasma.
En el texto, el carácter espectral continúa; conforme el lector avanza se encuentra con una lectura poética violenta. Cada una de las figuras que aparecen son “atisbos de personajes, como ‘un brujo que se cambia de sexo’. Pero en realidad, comparto con el lector el desconocimiento sobre quiénes serían los personajes”, apunta el autor.

Un adjetivo vuelto personaje
La figura recurrente es el Desflorado, quien avanza entre balbuceos, voces cultas y coloquiales, que se expresan en diferentes idiomas como el K’iché y el inglés. Este detalle forma parte del anhelo que tiene Mills por llegar a hablar más de 20 idiomas. Por ahora bromea que cuando se siente inteligente piensa en francés y cuando sueña es en portugués y si se siente roquero, lo hace en inglés.
El Desflorado se abre paso entre palabras que golpean e ideas que recuerdan la noción de una violación. Aunque el poeta hubiera querido publicar un libro más suave y ser un autor best seller, prefiere mantener una línea caótica en este libro. Esa intención se debe a que en el momento de redactar, Mills atravesó por una época en la que se relacionaba con temas violentos que le llevaron a conformar una trilogía que empieza con Síncopes (2007). La segunda entrega es el texto que presenta hoy, y el tercero La noche de Balam Mills, que aún está pendiente de publicación. En cada uno se mantiene la metáfora de la desfloración, porque “aunque quisiéramos vivir en un paraíso, la realidad siempre nos va a violentar”, asevera Mills.

Entre géneros literarios
Al estilo de un Dj que en una fiesta intercala diferentes géneros y estilos, Mills se considera como un Text Jockey que une diferentes piezas para presentar una propuesta final que podría ser una ópera-death metal o un nuevo género que aún no ha sido creado.
Para él: “la originalidad se murió; quien quiera ser original y famoso con los libros, está loco. Lo que uno hace es tomar textos de referencia y crear mezclas entre la realidad y la literatura”. El loop (repetición) literario de Mills gira alrededor de “ninguna parte” ya que aunque se menciona una Guatepeor, esta es la siguiente fase después de Guatemala. “Un imaginario del futuro o un sueño de Philip K. Dick pero con rascacielos enanos”, acota el también autor de Caja Negra XX 2012 publicada este año por Mata Mata.
Mills escribe en su bitácora virtual (R)Eevolver (alanmills.blogspot.com), esta publicación constante “en la que nadie me paga, forma parte de mi anhelo para crear un lector, aunque la blogósfera se haya convertido en un desierto desplazado por otras redes sociales”. La tendencia, según el poeta, apunta a que ahora la gente se interrelacione más por Facebook y Twitter.

El viaje es mental
Mills es un poeta guatemalteco que divide su agenda anual en diferentes países a los que arriba para asistir a actividades culturales. En agosto tomará su equipaje para acudir a un encuentro de escritores del Pacífico que se desarrollará en México. En octubre asistirá al Primer Encuentro Internacional Literaturas Americanas que tendrá lugar en Argentina. Un mes después partirá al otro lado del mundo para participar en la Latinale de Alemania y presentará la versión de Síncopes traducida al francés en el Instituto Cervantes de París.
La posibilidad de estar entre fronteras le ha sido otorgada gracias a la poesía, aunque para él lo más interesante es lograr viajar con la cabeza y la imaginación. De ahí es que asegura que la nueva literatura será mental, ya que cuando todos piensen como poetas y encuentren las metáforas de la vida, la literatura desaparecerá.

DEL LIBRO
Desde muy lejos subían la Atlántida a recordarnos y sonrojábanse nos recordaban las muertes inscriptas en cada peldaño y cada fruto del dolor se nos iba pareciendo más en esas aguas tranquilas esparcido su reflejo iba dictando tus lastimaduras más mías (...)

ASISTA
Catafixia Editorial presenta hoy el paquete número 5 de su nueva producción poética en la cual figuran los nombres de Alan Mills y Denise Phé-Funchal, por Guatemala; y por Perú publican Willni Dávalos y Mauricio Medo. La cita es a las 20:00 horas en Proyectos Ultravioleta, 11 calle 5-36 B, zona 1.


Foto. WorkaholicStudio

18 jul. 2010

Escalera a ninguna parte


Entusiastas siderales, les cuento que el próximo miércoles 21 de julio de 2010 a partir de las 20:00 horas, estaré presentando mi libro Escalera a ninguna parte, el cual ha sido editado por Catafixia. Este libro aparece adentro de la Toma # 5 de la citada casa, junto a Manual del mundo paraíso, de Denise Phé-Funchal; Versus, de Maurizio Medo; y Astro degenerado en lumbre, de Willni Dávalos.